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La sociabilidad beneficia a la salud y al cerebro

La soledad y el conflicto resultan tóxicos

Dicen que hay un momento en la vida en el que una persona se para y reflexiona sobre si las decisiones que ha tomado han sido acertadas. A Sara le ocurrió cuando se dio cuenta que su madre se estaba muriendo. Ella sabía que cuando su madre no estuviera, el vacío sería inmenso. Tuvo miedo. Miedo a que nada la volviera a llenar.

Uno de esos días, cuando el miedo se apoderaba de su mente, le comentó a su marido que sentía que su vida había sido un error. Recuerda esa conversación porque, a pesar del dolor que le producía saber que pronto su madre se iría, fue un momento muy íntimo. El le dijo que estaba muy confundida, que en las grandes decisiones se había equivocado muy poquito. Aquello la reconfortó, pero para creerle debía averiguar cuáles eran esas grandes decisiones. ¿Cuándo decidió marcharse a vivir a otra ciudad? ¿La carrera que eligió? ¿El trabajo que buscó?

A pesar del dolor que le producía saber que pronto su madre se iría, fue un momento muy íntimo

El estudio de la felicidad

Si uno supiera cuáles son esas grandes decisiones, sabría dónde poner el tiempo y la energía. Eso es precisamente lo que la Universidad de Harvard ha querido averiguar con Study of Adult Development, la investigación más prolongada sobre el estudio de la felicidad. Durante 75 años, diversos expertos se han ido sucediendo en la dirección de este estudio. Su cuarto director, el psiquiatra y profesor de Harvard, Robert Waldinger, fue quien finalmente ha divulgado las conclusiones del trabajo en la charla TED que dio sobre este proyecto. Su ponencia lleva más de 20 millones de visitas.

Cuando en 1938, se inició esa investigación, nadie sabía que duraría tanto. El trabajo comenzó recogiendo datos de un grupo de 724 hombres jóvenes. Un grupo pertenecía a la universidad. Estudiantes que acabaron sus estudios durante la II Guerra Mundial. La mayoría de ellos acabó formando parte de la contienda. El segundo grupo estuvo formado por un grupo de chicos que pertenecía al barrio más pobre de Boston. Se les seleccionó por las grandes dificultades por las que atravesaban sus familias. Vivían en casas que carecían de agua corriente y calefacción.

Cuando comenzó el estudio, se les entrevistó a todos y, además, se les realizó exámenes médicos

Cuando comenzó el estudio, se les entrevistó a todos y, además, se les realizó exámenes médicos. Se analizó su estado mental, físico y emocional. Fueron a sus casas y hablaron también con sus padres. Con el tiempo, estos muchachos se convirtieron en obreros, abogados, en médicos y albañiles. Uno de ellos llegó a ser presidente de EEUU. Algunos cayeron en el alcohol y unos pocos desarrollaron esquizofrenia. Unos llegaron a lo más alto de la sociedad, otros a lo más bajo.

Cada dos años, nuestros investigadores les llamaban y les preguntaban si les podían enviar los cuestionarios. “Muchos de ellos nos decían: Por qué quieren mantenerme en este estudio, si mi vida ya no es interesante”, recuerda Waldinger. Para obtener un análisis más claro de sus vidas, se les continúo entrevistando en sus casas y obteniendo las historias clínicas de sus doctores. Además, conversaron con sus hijos. Y se les grabó hablando con sus mujeres sobre sus preocupaciones más íntimas.

Hace una década, cuando preguntaron a sus esposas si querían formar parte del estudio, muchas de ellas respondieron: “ya era hora”. Después de analizar toda la información ¿a qué conclusiones llegaron?

La investigación les llevó a asegurar que lo que nos hace más felices y saludables son las buenas relaciones sociales

Finalmente, las respuestas no estaban relacionados ni con la fama ni con trabajar mucho. La investigación les llevó a asegurar que lo que nos hace más felices y saludables son las buenas relaciones sociales.

 

La investigación les llevó a destacar tres lecciones más:

1.Las conexiones sociales nos hacen bien y la soledad nos mata. El análisis de los datos mostró como las personas con más relaciones sociales, es decir, que contaban con familia, amigos y que tenían más conexiones en la comunidad eran más felices, estaban más sanas y vivían más que las personas con menos vínculos.

Por el contrario, la soledad resultaba tóxica. Las personas que permanecían más aisladas de lo que querían eran más infelices y más susceptibles de enfermar en la mediana edad. Además, sus funciones cerebrales caían precipitadamente y sus vidas eran más cortas. Lo triste, según asegura Robert Waldinger, es que uno de cada cinco americanos afirma sentirse solo. Pero se puede estar solo en una multitud y en un matrimonio. Sentirse solo no tiene nada que ver con el número de amigos que se tiene, depende de la calidad de esas relaciones. Vivir en medio de un conflicto es malo para la salud. Los malos matrimonios son peores que un divorcio. De hecho, Waldinger afirma que se podría predecir la vida de una persona de 50 años con toda la información que tenían. Y la clave no estaría en el nivel de colesterol. Esa información les llevó hasta la segunda lección.

2. La importancia que tiene el grado de satisfacción que nos producen las relaciones. Las personas más satisfechas con sus relaciones cuando tenían 50 años fueron las más saludables a los 80 años. Muchas mujeres que decían que eran felices a los 80 años, cuando sufrían dolor físico, seguían de buen humor. Sin embargo, las personas que se sentían desdichadas, los días que sufrían dolor físico, su intensidad se magnificaba debido al dolor emocional.

3. Las relaciones nos solo protegen nuestros cuerpos también nuestros cerebros. Sentir, a los 80 años, que se está en una relación segura con otra persona, hace que sus recuerdos permanezcan más nítidos. Sin embargo, las personas que sienten que no pueden contar con otras personas, pierden antes la memoria. Robert Waldinger es consciente de que las buenas relaciones no pueden ser armoniosas todo el tiempo. Algunos octogenarios se peleaban varias veces al día, pero, a pesar de esos conflictos, sentían que podían contar el uno con el otro. Cuando se producían situaciones difíciles, esas peleas se olvidaban.

Las conclusiones sobre el Estudio de la felicidad

Robert Waldinger sabe que la conclusión de este estudio, es decir, que las relaciones son buenas para la salud y el bienestar es algo que se encuentra en la sabiduría popular. Sin embargo, si es así, por qué nos resulta tan difícil de entender y tan fácil de olvidar. Waldinger asegura que porque somos humanos. “Nos gustan las soluciones rápidas, algo que nos mejore la vida y que lo haga de forma permanente”, afirma. “Las relaciones” -continúa- “son complicadas, cuidar de la familia y de los amigos no es atractivo ni glamuroso. Lleva toda una vida. No termina nunca”.

El estudio también ha influido en su vida. “Me di cuenta de que tenía que poner más atención en mis propias relaciones, no solo en casa, también en el trabajo y en la comunidad. Se trata de poner más atención en el otro, de conectar más, en lugar de dar por sentado que el otro siempre estará allí”, agregó Waldinger.

Tras conocer este estudio, Sara ahora es consciente de algo que ella intuía, que el tiempo que pasó con su madre, disfrutando de sus conversaciones, paseando juntas, sintiendo su mano en su brazo, cuidándola al final de su vida, fue una de las decisiones más importantes que ha tomado en su vida. Y lo mejor, la que le ha hecho más feliz.

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