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Severa

La última gran aventura de tu familiar

Cómo acompañar a un familiar cuando llega el final

Eran las 9.30 de la mañana, cuando su móvil sonó. Sofía estaba en el hospital, esperando a que le hicieran una prueba a su marido. En cuanto vio el nombre de su hermana en la pantalla supo que algo grave pasaba. Apenas llegó a entender lo que le decía: Mamá… mal… avisar a Charo, su otra hermana. Inmediatamente, su estómago se encogió. No era capaz de marcar los números del teléfono correctamente. Llamó. Su hermana no respondía. Por fin, lo cogió. “Sí, lo sé, mamá está agonizando”. Aquella era mucha más información de la ella que tenía en ese momento. Estaba tan bloqueada que no sabía qué hacer. Un instante después tomaba un taxi.  
La madre de Sofía no murió. Afortunadamente, se fue recuperando.  En un determinado momento, comenzó a beber agua y luego tomó un yogurt y, poco a poco, volvió a ser la que era. La felicidad de Sofía y de sus hermanos era tan grande que no sabían cómo dar las gracias ni a quién. 
 
Sofía sabe que el momento de la despedida llegará, pero desconoce cómo prepararse. Duda, incluso, que pueda llegar a conseguirlo. Cuando empezó a buscar en internet algo que la aliviara, pensaba que encontraría pautas para afrontar su dolor, pero lo que encontró la sacudió fuertemente por los hombros: no era ella la importante, no era su dolor del que nos debíamos ocupar en ese momento: la protagonista de esta etapa era su madre, y era a ella a quien debían atender.
 
“Acercándonos al final de la vida: una guía sobre la agonía para familiares y amigos”, escrita por la psicoterapeuta, Sue Brayne y el neuropsiquiatra y neurofisiólogo Dr, Peter Fenwick – conocido por sus estudios sobre las experiencias relacionadas con la muerte- planea muchas de las necesidades que puede tener la persona que se está despidiendo. Para empezar, nos sugieren que no deberíamos dejar solo a nuestro familiar con la experiencia que está viviendo, su última gran aventura –así se refiere a la muerte el Dr. Peter Fenwick-.

Algunas recomendaciones para saber qué podemos hacer por nuestro ser querido cuando el final llega:
 
-Muchas veces la persona que va a morir es consciente del proceso que está viviendo y plantea indirectamente preguntas para tantear si pueden compartir sus sentimientos con nosotros.  Preguntas cómo: ¿Qué crees que pasa después de la muerte? o ¿Crees que Dios existe? son una forma de introducir la muerte en la conversación. Por eso, debemos estar atentos y no desviar el tema. Si la persona que queremos quiere hablar de ello, tenemos que ayudarla, dejar que se desahogue. Puede ocurrir que nuestro familiar, en cambio, esté angustiado. Si esto ocurre, quizá es una buena idea hablar con los profesionales para que le proporcionen una medicación que le relaje. Con las personas con demencia este proceso es más difícil, incluso imposible, porque la enfermedad no les permite hablar coherentemente. Sin embargo, existen informes que recogen experiencias con personas que en esos momentos han recobrado la lucidez y son capaces de volver a conectar con sus seres queridos. Por eso, no descartemos todo lo que nos digan como algo que no tiene sentido. Son sus últimos momentos, así que merece la pena que se los dediquemos y estemos muy atentos.
Hay que recordar que las personas son capaces de oír hasta el último momento. Incluso cuando parece que están inconscientes. No deberíamos hablar delante de ellas como si ellas no estuvieran.
-Si es posible, creemos un ambiente de íntimo, con luces cálidas. Evitemos que la luz del sol caiga sobre su rostro y sus ojos.
También podemos crear ese ambiente relajado, mediante la música, seleccionando una de sus canciones favoritas o mediante un tema que transmita serenidad y paz.
Cojámosle de la mano, que sienta que estamos con ella, pero de forma que no le molestemos, que nos permita transmitirle el cariño que sentimos por él. A veces, incluso cuando la persona está inconsciente, es capaz de responder con una pequeña presión de sus dedos.
-Un masaje suave en los pies o perfumar la habitación con aceites con olor a rosa o lavanda podría reducir el estrés que se puede vivir en esos momentos.
-Si la persona es creyente, un representante de su religión puede aliviarle mucho en esos momentos.
 
Para ellos, es su última aventura y para nosotros, una experiencia que recordaremos siempre.
 

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