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La comunicación, un elemento indispensable para proporcionar un buen cuidado

Las llamadas, las videollamadas, las aplicaciones son instrumentos para reforzar la información, que no persigue otra cosa que acercarnos a todos

Un dato, unas palabras, un momento,  y la angustia desaparece. La comunicación encierra todos esos detalles, pequeños incluso, y los convierte en la mejor caricia para el alma. Aquí te explicamos nuestra receta para lograr que la comunicación sea un elemento imprescindible en el buen cuidado, un bálsamo que nos alivia a todos.

La llamada de Elena

Laura está trabajando en una presentación para el Departamento de Ventas. Tiene que resumir los resultados de la última campaña de marketing y acordar una nueva estrategia. Mientras trabaja con el power point no deja de mirar al móvil por el rabillo del ojo.

“Son las nueve y cincuenta y cinco. Todavía quedan cinco minutos para que me llame Elena”, piensa para sus adentros.

El estómago se le encoge. Le pasa desde pequeña, cuando está alterada, siente los nervios ahí, más que en ninguna otra parte de su cuerpo. Intenta concentrarse en la diapositiva. Justo cuando está trabajando en un gráfico, salta su móvil. Da un respingo que a ella misma le sorprende. “Tranquila. Respira hondo”, se dice.

Mira la pantalla. Efectivamente, es Elena, la terapeuta ocupacional de la residencia en la que se encuentra su padre.

-Hola Elena

-Hola Laura. ¿Cómo estás?

-Bien. Aquí, luchando con el teletrabajo.

-Bueno, pues hoy te traigo buenas noticias. Tu padre ha dormido bien. La temperatura también la tiene bien: 36,5º y la saturación, estupenda, al 95%. Está hecho un campeón.

-Menos mal porque tenía unos nervios.

-Ya… me imagino.

-Es que estar aquí, sin poder ir a verle, sabiendo que estos días no se encontraba bien. No sabes lo difícil que está siendo… menos mal que estoy trabajando. Así mantengo la mente ocupada.

-Ya… Pero hoy estate tranquila porque ya se encuentra mejor. Esta tarde te llamo y te digo qué tal ha comido.

-Mil gracias, Elena. Nunca pensé que una llamada podría suponer tanto para mí.

-Tranquila porque tu padre va a mejor. Te llamo esta tarde.

-Un abrazo.

-Otro para ti.

El confinamiento ha supuesto un máster en comunicación para las personas que trabajan en los centros residenciales de Sanitas. Elena es terapeuta ocupacional y durante ese periodo se encargó, junto con la trabajadora social y la médico del centro, de llamar a las familias dos veces al día para comentarles cómo se encontraban sus seres queridos.

“Nos repartimos el trabajo por plantas. Diariamente, llamábamos a los familiares proporcionándoles toda la información que teníamos. Desde el principio, se comenzó a tomar la temperatura y saturación de oxígeno a todos los residentes. Se hacían registros por la mañana, por la tarde y por la noche. Incluso dos veces en el mismo turno. Llamabas al familiar y le dabas esa información, que parece muy técnica, incluso, fría, pero que indicaba que tu padre o tu madre se encontraban bien. Y ellos lo agradecían tanto”, comenta Elena.

Esta experiencia ha hecho que se desarrolle un vínculo muy fuerte entre cuidadores, familias y pacientes. Y lo que ha alimentado este vínculo ha sido la comunicación: esa llamada diaria a la familia, esa videollamada entre el paciente y sus seres queridos, los detalles sobre el tratamiento que les llegaban a través de la aplicación de las familias, las fotos que enviaban las familias por otra aplicación, Famileo, y que luego se imprimían para que los más mayores estuvieran al tanto de todo lo que sucedía fuera.

Pero ¿qué significa esta comunicación para el paciente? ¿Cómo este flujo de noticias mejoraba su cuidado?

“Si confías en los cuidados que está recibiendo tu padre, le terminas transmitiendo esa tranquilidad. Cuando nosotros proporcionábamos a las familias esa información sobre cómo se encontraban sus seres queridos, les liberábamos de esa carga y, cuando conectaban con ellos, mediante una videollamada, podían concentrarse en hablar de otras cosas, en disfrutar de ese momento. Esa información terminaba repercutiendo en el estado emocional del paciente”, asegura Elena.

A veces esa influencia se ejercía de una forma indirecta, como nos explica Elena, pero en otros momentos su efecto era como una bala, directa al corazón. Esa es la historia, por ejemplo, de Paco y Sara.

Hace un año que Sara sufrió un ictus y, desde entonces, no puede hablar. Paco la visitaba todos los días, la sacaba al jardín y le ponía las canciones que a ella le gustaban, Sara, entonces, movía un pie. Durante el confinamiento, esas visitas se sustituyeron por videollamadas. Paco siguió poniéndole sus canciones favoritas a través de la pantalla, y era hermoso ver como Sara comenzó otra vez a mover su pie.

¿Cómo esa comunicación también ayuda al familiar?

Elena recuerda el caso de Blanca, la hija de Miro. Ella notaba que su padre, un hombre de campo, no se hacía con las videollamadas. Le veía apagado y no sabía qué hacer, cómo le podía ayudar.

Elena, entonces, le dio una idea. “Por qué no le grabas en un pendrive los programas de televisión que a él le gustan: programas que hablen de la naturaleza, documentales”, le comentó.

Blanca lo que hizo fue grabarle imágenes de su pueblo, y en ellas aparecían vecinos que le enviaban saludos muy cariñosos. “Hola Miro” le decía el panadero. “A ver cuándo vienes a vernos. Claro, como ahora estás hecho un señor ya no quieres saber nada de nosotros. Bueno, que sepas que te echamos de menos en la partida. Yo ya no tengo con quién discutir. A ver si vienes un día y nos echamos un Tute. Eso sí, sin trampas. Un abrazo muy fuerte, Miro”.

Cuando volvió a ver a Blanca, ella se mostró muy agradecida por la idea que le había dado. A su padre, este vídeo le hizo ilusión, pero a quien realmente ayudó fue a su hija, porque le hizo sentirse útil: fue la forma en que pudo demostrar a su padre todo lo que le quería y lo importante que era para ella.

Esa comunicación también es importante para los profesionales del centro, para la propia Elena

“Nosotros hemos un sobresfuerzo con la comunicación, para que tanto las familias como nuestros mayores supieran cómo se encontraban cada uno, y nos lo están agradeciendo muchísimo. Ahora, la situación nos permite estar un poco menos encima que durante el confinamiento, pero sabemos, aunque siempre lo hemos sabido, lo importante que es la comunicación. Lo importante que es transmitirles esa información, y es algo que lo vamos a mantener, es más, lo vamos a mimar”, señala Elena.

Porque es bueno para las familias, porque es bueno para los mayores y porque es bueno para las personas que trabajan en los centros.

“A mí toda esta labor me ha hecho sentir muy orgullosa. A pesar de las situaciones tan duras por las que hemos pasado, hemos conseguido humanizar todos esos momentos. Me ha servido para reconciliarme con la vida y sacar lo positivo de toda esta crisis. Una lección que ha cambiado nuestras vidas y ha hecho que todavía hagamos mejor nuestro trabajo”.

 

Fecha de publicación: 29 julio 2020

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