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La atención centrada en la persona estimula al paciente con demencia

Para llevar a cabo esta forma de abordar el cuidado se debe empezar por intentar que el enfermo disfrute cada día

La atención centrada en la persona es una forma de cuidar que respeta al individuo. Pero para respetarle hay que conocerle, saber qué le interesa, que le proporciona alegría, que le calma. Y todo este conocimiento hay que desmenuzarlo e introducirlo en sus rutinas, en pequeños detalles que hagan más agradable la vida de la persona con demencia. Como en el caso de Jorge, que pasó de ejercer una súper protección sobre su madre a potenciar autonomía. Y ella, además de querida, se sintió valorada.

Jorge lleva horas frente al ordenador. Se ha propuesto ordenar las fotos: guardarlas en sus respectivas carpetas clasificándolas por años. Su mujer, Sara, mientras observa la pantalla, se ha acercado por detrás. “¿Qué distinta está, verdad?”, le comenta Jorge que ha sentido a su mujer. “Estas fotos” -continúa- “son del año pasado, y mira lo que ha perdido”.

La fotos muestran a la madre de Jorge posando con un sombrero panamá para protegerse del sol. Es cierto que está más delgada y su mirada ha perdido viveza, pero Sara no solo ve eso. Sara ve que su suegra vive, que reconoce a sus hijos, que todavía puede comer por sí misma. Y eso le parece un hecho sorprendente. Pero, sobre todo, le parece que su marido tiene una enorme suerte.

La madre de Jorge, Delia, tiene cien años y un alzhéimer en fase intermedia que avanza lentamente. Jorge, que está muy unido a su madre, la protege excesivamente. Cuando está con ella la viste, le da de comer, no quiere que haga nada, como si cada pequeño esfuerzo que ella llevara a cabo le restase tiempo de estar con él.

Pero su marido se equivoca. Respetar la autonomía de la persona con demencia es el primer paso para que mantenga sus capacidades cognitivas y su dignidad durante el mayor tiempo posible. El cuidador se debe centrar en la persona, en las fortalezas que todavía conserva, no en sus carencias. Esta forma de abordar el cuidado persigue involucrar a los pacientes en actividades que les estimulen para conseguir mantener su identidad el mayor tiempo posible. Es decir, para que la persona continúe sabiendo quién es, tanto en su forma de pensar como en su manera de sentir.

Clasificar a los pacientes en función de las distintas fases por las que evoluciona la enfermedad, no debería ser la única manera de determinar qué capacidades mantiene el paciente, porque esta clasificación se basa en lo que ha perdido, no en lo que todavía es capaz de llevar a cabo. La clasificación puede ser útil para los médicos, pero influye negativamente en lo que el cuidador espera del paciente.

Para mantener un cuidado que se basa en la persona con demencia, que busca mantener sus capacidades, se debe empezar por intentar que el paciente disfrute cada día. Para conseguirlo, hay que conocer los gustos y los intereses de esa persona. Solo así podrá realizar actividades en las que se involucre y, por lo tanto, que le estimulen. Se trata de hacer con… más que hacer por…

Esta filosofía, centrada en la persona, debe dirigir el cuidado de todo tipo de paciente con demencia. Debe ser, incluso, más relevante entre los que han perdido la capacidad de expresar claramente sus deseos y necesidades.

El primer paso es tener en cuenta las preferencias del paciente en las actividades de la vida cotidiana. Analizar qué le interesa, qué le proporciona alegría, qué le calma. E incluir todos esos gustos personales en sus rutinas.

En el artículo Los fundamentos de la atención centrada en la persona para personas con demencia, publicado en la revista, The Gerontologist, se señala que intervenciones sencillas han provocado cambios relevantes. Por ejemplo, mantener el baño caliente hace que esta experiencia sea más placentera, se reduzca el estrés y ahorre tiempo al cuidador.

En ese mismo trabajo, se señala el caso de Emily, una mujer a la que le encantaba su profesión de jardinera. Sus cuidadores se preocuparon de que siguiera ocupándose de su jardín durante mucho tiempo. Su planta favorita era la lavanda. En la última fase de la enfermedad, las personas que le atendían seguían hablándole sobre las plantas. En su habitación, siempre había flores, especialmente, lavanda. Debajo de su almohada colocaban una pequeña bolsita con flores secas de lavanda. Cuando hidrataban su piel, utilizaban una crema con el mismo olor.

Si se conocen los gustos de la persona relacionados con las actividades de la vida diaria será más fácil integrarlos y establecer rutinas estimulantes para que la persona con demencia o alzhéimer se sienta más segura en su vida y, además, disfrute más de ella.

Es conveniente establecer estas rutinas, en las primeras etapas de la enfermedad, para que la persona se vaya adaptando. De forma que cuando avance la demencia, la persona ya las tenga interiorizadas.

Entre las distintas rutinas diseñadas para promover la autonomía de la madre de Jorge, teniendo en cuenta sus gustos, se encuentra la de vestirse.

Jorge ha seguido las siguientes recomendaciones:

  1. El tiempo. No hay prisa, no importa cuanto tarde en hacerlo. Lo importante es que lo haga ella misma.
  2. Para facilitarle la tarea, el armario cuenta con unas etiquetas que le recuerdan a la persona que contiene cada cajón: ropa interior, calcetines, zapatos.
  3. El armario se ha vaciado. Solo contiene la ropa que le gusta y que se va a poner en esa estación del año.
  4. De las perchas cuelgan los modelos, que están separados según el día de la semana. Lunes: pantalón, camisa y chaqueta. Y lo mismo para el resto. Si su ser querido opta por ir vestido siempre de la misma manera, compre varios conjuntos iguales.
  5. Adquiera ropa holgada y cómoda. A la madre de Jorge, que siempre ha llevado faldas, ahora le encanta ponerse pantalones. Jorge le ha comprado varios con una goma en la cintura para que le sea fácil ponérselos.
  6. Entre la ropa que ha desaparecido del armario se encuentran los pantis, las fajas y los zapatos con cordones.
  7. La mayoría de sus prendas se abrochan con velcro o botones grandes.

Delia, ya no es capaz de vestirse sola porque ha perdido mucha movilidad. Pero le gusta que le pongan sobre la cama las prendas que va a poner ese día. Hay algunas, como el pantalón, con las que necesita ayuda, pero otras, como la camisa, que le gusta ponérsela ella misma. En vez de botones, tiene un velcro que ella con paciencia va ajustando. Y, sobre todo, le gusta tener cerca su chal, para ponérselo siempre que tiene frío.

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