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Cuidar con culpa: una mala combinación

Si quieres ser un buen cuidador, reserva tiempo para ti

Según la Enciclopedia de la Salud, “La culpa es una vivencia psicológica que surge como consecuencia de una acción que causa un daño y provoca un sentimiento de responsabilidad. También puede surgir por la omisión intencionada de un acto”. Sin embargo, Sandra, cada vez que recuerda los años en que se ocupaba de su madre, sin saber que sufría demencia, siente un profundo dolor. Se acuerda de cuando perdía la paciencia con ella, de cuando no entendía porque le metía tanta prisa con las cosas que le pedía, cuando no paraba de llamarla…  Si ella hubiera sabido entonces que su madre sufría una enfermedad, no hubiera reaccionado así. Muchas veces se ha repetido que no fue culpa suya, que no puede sentirse responsable por algo que no sabía, sin embargo se sigue sintiendo culpable. Quizá, en el fondo, por lo que se siente culpable es por la enfermedad que sufre su madre, por su incapacidad para parar su deterioro…
 
Muchas hijas, que se ocupan de cuidar a sus padres, también experimentan un sentimiento de culpa, aunque la razón que lo desencadene sea distinta. Este sentimiento aflora cuando hacen algo mal respecto al cuidado de sus padres o cuando creen que no son capaces de hacer frente a la tarea de cuidarles o cuando no pueden cuidar de sí mismas. En un estudio, publicado por la Sociedad Gerontológica de EEUU, en el que participaron 351 cuidadores (58,97% hijas, 10,54 % hijos, 19,66% esposas y 10,83% maridos), se observó que había una relación entre el sentimiento de culpabilidad y el tiempo que dedicaban a su ocio. Las hijas que menos tiempo libre tenían mostraban un sentimiento mayor de culpa, que además se asociaba con altos niveles de depresión, mientras que las hijas que se sentían menos culpables mostraron menos tendencia a la depresión. Estos datos deberían grabarse con fuego en la cabeza de los cuidadores. Cada vez que encuentren un rato para ellos mismos, deberían disfrutarlo, porque cada minuto de diversión se convierte en más energía para cuidar de sus padres.
 
Otro grupo de personas que se sienten muy culpables son las esposas de personas con demencia que toman la decisión de trasladar a sus maridos a una residencia. En un estudio, en el que se entrevistaron a 11 esposas de personas con demencia, las mujeres manifestaron, mientras se ocupaban de sus maridos en casa, que experimentaban vergüenza, culpabilidad y se sentían aisladas. Tras decidir trasladar a sus esposos a un centro residencial, la mujeres manifestaron tener sentimientos de culpabilidad y, al mismo tiempo, sentirse liberadas. Además, experimentaban dolor y pensamientos relacionados con la muerte, se sentían solas en su relación de pareja y luchaban por aceptar la situación, a pesar de que creían que no habían cumplido con su responsabilidad. El estudio concluye que el personal de las residencias, que se ocupa de los maridos, debería tener en cuenta los sentimientos que experimentan estas mujeres.

La culpabilidad es un sentimiento que puede provocar sentirse mal con uno mismo. Incluso puede desencadenar ansiedad e, incluso, depresión. Los datos lo confirman. La forma de dar la vuelta a este sentimiento es utilizarlo como una forma de motivarte para ser mejor. Sin embargo, esta autoexigencia debe tener un límite: el propio bienestar del cuidador. Autoflajelarnos por algo que no es realista es una pérdida de energía. Cuando un cuidador se hacer cargo de un familiar debe limitar sus objetivos a que su padre no sufra dolor, mantenga su salud y su calidad de vida y a darle cariño. A veces, es mejor no aspirar a un sobresaliente y mantener un notable durante el tiempo en que seamos cuidadores.
 
Sandra, para empezar, se ha propuesto no sentirse culpable por cuidar de sí misma. Todavía no lo había experimentado, pero dado que es un sentimiento tan frecuente, ella intenta prevenirlo. ¿Cómo? Todos los días, el espacio que ella ha reservado para sí misma continuará siendo sagrado. Y los fines de semana, seguirá contando con la ayuda de sus hermanos. No han fallado, es cierto, pero Sandra tampoco ha dejado de recordárselo, por si acaso.
 
 
 
 

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