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Cuando ser una hija ejemplar te desborda

Terapia psicológica para el cuidador

Al morir su padre, Lourdes se sentó con su hermano y le comentó que, cuando su madre ya no se valiera por sí misma, ella quería que viviera en su casa. Su hermano la escuchó. No dijo nada. Varios años después, la madre de Lourdes se rompió la cadera. Aquel incidente destapó la demencia que llevaba sufriendo durante varios años. Al salir del hospital, Delmi se fue a vivir con su hija.
 
Lourdes se había propuesto ser una hija ejemplar, casi tan buena como lo fue su madre. Se tomó tan en serio su nueva responsabilidad que ponía el despertador a las 5 de la mañana para llevar a su madre al lavabo. Después de varios meses, el agotamiento fue haciendo mella. Gestionar la casa, estar pendiente de sus dos hijos, el trabajo y, ahora, su madre, estaba siendo demasiado para ella. Su estrés le hacía estallar con demasiada facilidad. Empezó a sentirse esclava de su propia decisión. ¿Qué podía hacer ahora?
 
El caso de Lourdes es muy común entre los cuidadores. Atender a un familiar es una actividad estresante que tiene consecuencias para la salud física. En un metanálisis realizado en el 2003 y publicado en Psychological Bulletin, el profesor de Psiquiatría de la Universidad de Washington, Peter Vitaliano, destacó que los cuidadores registraban niveles un 23% más altos en sus hormonas de estrés que los no cuidadores. Su presión arterial y su nivel de glucosa también era más elevada, lo que podría provocar que terminaran siendo hipertensos y diabéticos.
 
Pero las consecuencias de este trabajo pueden ser todavía peores. Uno de los efectos más perjudiciales que sufren los cuidadores es la depresión. Según The Family Caregiver Alliance de EEUU, casi el 20% de los cuidadores familiares sufren algún tipo de depresión. Este porcentaje asciende hasta 40% entre los cuidadores de pacientes con alzhéimer.
 
Entonces, si una persona quiere ser una buena hija o una buena pareja, qué puede hacer. La Fundación Pasqual Maragall, probablemente, se hizo una pregunta semejante, pero, además,  intentó buscar una respuesta. Un estudio con 221 cuidadores de personas con alzhéimer de toda España ha demostrado que la intervención psicológica grupal pautada ayuda a mejorar la capacidad de los cuidadores a sobreponerse a las situaciones difíciles a las que se enfrentan y, además, salir reforzados. La terapia contribuyó a que mejorara su calidad de vida y su estado anímico. Los participantes del estudio han compartido sus sentimientos en sesiones semanales de hora y media durante cuatro meses. En esas sesiones hablaron de sus experiencias, del desgaste emocional, de la aceptación de una nueva realidad y del pensamiento positivo.
 
La edad media de los cuidadores que participaron en el estudio fue de 61 años, y el 75% de ellos eran mujeres familiares de la persona enferma: un 43%, cónyuges y un 50,2%, hijas. El 73,8% de los cuidadores convivían con el enfermo y el 57% llevaba menos de cinco años como cuidador. El 42,1% dedicaban más de 12 horas al día al cuidado del paciente.
 
La psicóloga Dolores Gallagher Thompson, de la Universidad de Stanford de Adultos Mayores y del Centro de la Familia, analizó la efectividad de una intervención individual psicológica para mujeres chinas-americanas que cuidaban de sus familiares con demencia. La terapia consistió en enseñarles habilidades para afrontar el estrés. Los datos mostraron que las participantes mejoraron los síntomas relacionados con el estrés y la depresión.

¿Por qué funcionan este tipo de terapias?
 
-Porque se rompe con la soledad. Se tiene contacto con otros cuidadores que están pasando por la misma situación que nosotros.
 
-Porque se aprende a aceptar la enfermedad y a la nueva persona en la que se ha convertido tu ser querido. Es muy doloroso ser testigo de su debilitamiento y sentirse incapaz de hacer algo, pero se puede aprender a aceptar lo inevitable y a construir una nueva relación, basada en las emociones. No hay lugar para la conversación, es cierto, pero lo hay para la caricia, el beso, la mirada. Hay lugar para que las personas estén más cerca que nunca.
 
-Porque los cuidadores pueden expresar libremente sus sentimientos (ira, frustración, ansiedad, culpabilidad) y a aprender a abordarlos. Exteriorizar estas emociones ayuda a prevenir la depresión. Cuidar a un miembro de la familia puede ser percibido como una condena. Un sentimiento que no tiene nada que ver con el amor que se siente hacia él. Y, además, el cuidador tiene que luchar contra un segundo sentimiento: la culpabilidad por haber tenido ese pensamiento.
 
-Porque da fuerzas para enfrentarse a lo que más se teme. De esta forma, se es capaz de encontrar soluciones prácticas para luchar contra aquello que nos asusta.
 
-Porque se aprende a manejar el estrés que conlleva ocuparse de una persona dependiente.
 
-Porque ayuda a identificar pensamientos que permanecen en las capas más ocultas del cerebro, y de los que no se es consciente. Ellos son la verdadera causa de algunas de nuestras reacciones.
 
-Porque los cuidadores que reciben apoyo emocional de una forma regular son más capaces de manejar decisiones difíciles, según el artículo ”La importancia de la orientación en el desgaste del cuidador”, publicado en Agingcare.com.
 
¿Qué aspectos prácticos podrá en práctica el cuidador después de acudir a terapia?
 
-Será capaz de decir “no”. Todo el mundo necesita un descanso, y él se atreverá a pedirlo sin sentirse culpable.
 
-Podrá darse cuenta de que tiene limitaciones físicas y emocionales.
 
-Mantener el sentido de humor.
 
-Preocuparse por su salud, y ser capaz de verla como una prioridad.
 
¿Cuándo un cuidador debe acudir a terapia?
 
Cuando muestre cualquiera de estos signos, se deben disparar las alarmas.
 
Síntomas emocionales: ansiedad, depresión, irritación, culpabilidad.

Síntomas psicosomáticos: insomnio, pérdida de apetito, taquicardia, distintos dolores, acidez, mareos, fatiga crónica, alopecia.
 
Problemas en el autocuidado: si experimenta, por ejemplo, cambios a la hora de dormir o en la comida –no se preocupa por su alimentación, come cualquier cosa– .
 
Si deja de tener interés por las actividades con las que solía disfrutar, si no ve a sus amigos, si se aísla.
 
En caso de sufrir estos cambios, no se debe esperar unos días a ver si la situación mejora. Los días se podrían convertir en semanas, y las semanas, en meses.

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