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Cómo levantar a un paciente sin hacerse daño

Cuida tu espalda

Celia nunca fue una persona mañosa. Se le daba bien el dibujo, pero de eso hace tanto tiempo que ya no lo recuerda. Cuando su madre se rompió la cadera y ya no fue capaz de volver a andar, a Celia no le quedó más remedio que aprender a levantarla de la cama para trasladarla a la silla de ruedas. Ella tenía pánico de no sujetar bien a su madre y que se le cayera.  Ese miedo, la paralizó al principio, pero al darse cuenta de que solo estaban las dos, tuvo que enfrentarse a la realidad. Tras ver unos vídeos en internet, aquello no parecía tan difícil. Pero cuando se puso hacerlo, le entraron varias dudas, y el miedo volvió a aparecer. El siguiente paso fue preguntar a una fisioterapeuta que trabajaba con personas con Alzhéimer sobre qué pasos debía seguir.  Y estas fueron sus 13 recomendaciones:

  1. Primero debes tener en cuenta el peso de la persona que vas a mover y su grado de colaboración. En el caso de Celia, su madre estaba muy delgadita, no pesaba más de 48 kilos, pero su colaboración era nula.
  2. Informarla. Aunque Celia le adelantaba cada paso que iba a hacer para que no se asustara, ella percibía que su madre ya no la entendía. Por eso, además, Celia buscaba los ojos de su madre, antes de aproximarse, y sus explicaciones iban seguidas de gestos.
  3. La altura de la silla y de la cama tiene que ser la misma, y esta medida debe coincidir con la altura a la que tiene el paciente la rodilla flexionada para que tenga apoyados ambos pies en el suelo. De esta manera, es más fácil para el cuidador moverle porque parte de la carga la absorbe el suelo.
  4. La silla tiene que estar pegada a la cama y no debe haber ningún obstáculo en medio. Eso significa que hay que evitar ser perezoso y retirar los reposapiés. ¿No es exagerada esta precaución? “No lo es”, asegura Ana Rovira. “Los reposapiés –continúa– limitan el espacio que necesita el cuidador para hacer el giro y, de lo contrario, se puede hacer daño. No solo él, también el paciente. Y esas heridas en las piernas, en este tipo de paciente, son difíciles de curar. Los personas mayores tienen la piel más frágil. La situación empeora si sufre edemas (piernas hinchadas por acumulación de líquido linfático en la piel).
  5. Para evitar que la silla se mueva, debemos echar el freno.
  6. Tenemos que cuidar nuestra posición. Nuestras rodillas deben estar flexionadas, con la espalda recta y los pies separados, paralelos a los hombros.
  7. Debemos abrazar al paciente lo máximo posible, y en función de lo que nos pueda ayudar.  Cuanto más pegados estemos, menos fuerza tendremos que ejercer y, además, lo haremos de una manera más segura.
  8. No debemos dejar que el paciente nos agarre de nuestro cuello. Si lo tenemos abrazado, intentaremos que él nos coja colocando sus manos en nuestra espalda o que se agarre a nuestros brazos. Y nosotros tenemos que cogerle por debajo de los brazos y agarrando su tronco.
  9. Tenemos que darle seguridad. Por eso, tenemos que estar en una postura cómoda.
  10. El paciente debe estar calzado para evitar que resbale.
  11. El suelo debe estar seco y no debe haber alfombras, toallas o sábanas para evitar que resbalemos.
  12. El proceso es igual, tanto si movemos al paciente de la cama a la silla como de la silla a la cama.  Pero si vamos a acostar al paciente, es preciso tener en cuenta que la cama no cuenta con respaldo, por lo que hay que controlar que el tronco no se vaya hacia atrás cuando le sentemos. Además, hay que acompañarlo hasta que quede acostado y ayudarle a subir las piernas.

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