Cuídate

Moderada 15 abril de 2020

Cómo ayudar a un cuidador a reducir su ansiedad durante el confinamiento

Hay que aprender a aceptar el miedo o el decaimiento, pero también hay que luchar para que no nos afecten demasiado

El confinamiento está suponiendo un gran desafío para los cuidadores de personas con demencia. Una situación que, probablemente, ha aumentado el nivel de ansiedad que soportan. El psicólogo Juan Luis Vera nos recomienda no rechazar las emociones negativas, pero sí nos anima a luchar para que no nos afecten demasiado.

Desde que comenzaron las restricciones para salir de casa debido al coronavirus, María ha visto como sus pequeñas válvulas de escape han desaparecido. Su madre, que sufre alzhéimer en una fase moderada, acudía de lunes a sábado a un centro de día. María podía, entonces, contar con las mañanas y parte de las tardes para organizarse en casa y tener algún respiro.

Podía salir, por ejemplo, a hacer la compra cada día. Le encantaba ir al mercado y mantener conversaciones intranscendentes con el frutero, el carnicero, el pescadero… Había tantos puestos y ella llevaba tantos años yendo allí. Todos la conocían, y entre todos había formado una pequeña familia. También se podía escapar a la peluquería. Allí se sentía como en su propia casa. Veía las revistas del corazón, las de moda y las comentaba con las chicas que le cortaban el pelo, que le daban el tinte, que le lavaban la cabeza. Tenía tanta confianza que, a veces, llevaba a su madre. Eran tan cariñosas…

Pero con el virus, todos esos ratos han desaparecido. Hasta ahora no había reparado en la importancia que tenían para ella. Ahora solo puede salir una vez por semana a hacer la compra. Y eso gracias a que una vecina se ha ofrecido a quedarse con su madre mientras ella hace los recados. Hoy, por ejemplo, está contenta porque ha podido hablar un rato con la farmacéutica.

Esa conversación sobre cuál es el jabón líquido que menos reseca las manos le ha sabido a gloria bendita. Mientras camina de vuelta a su casa piensa. “Quién me iba a decir que escuchar las propiedades de distintos jabones me iba a resultar tan interesante. Vivir para creer”.

Y mientras introduce la llave en la cerradura de su puerta, se pregunta ¿tendré fuerzas suficientes para resistir las semanas que todavía faltan?

Juan Luis Vera, psicólogo del Centro Residencial Sanitas Carabanchel, asegura que la parte más dura de esta medida no la va a sufrir el paciente, sino el cuidador. “Si antes tenía un momento en que salía y se despejaba, ahora ya no lo tiene. Y ese momento era muy importante porque le permitía desconectar y recargar las pilas para poder seguir cuidando”.

Una de las reacciones que más molesta a María es que cuando ya no puede más y se decide a compartir con alguien lo cansada que se encuentra, le suelen decir que no se preocupe, que no se agobie, que hay que vivir esta situación con “naturalidad”. Sin embargo, ella cada día que pasa siente más presión. Percibe, además, que los otros no la escuchan o no la comprenden. Y eso le hace sentir aún más sola.

“Es normal que María se sienta así”, comenta Juan Luis Vera. “Estamos viviendo una situación excepcional y, por tanto, estar en casa confinados puede resultar agobiante. Es normal sentir ansiedad o miedo o decaimiento. Son emociones que tenemos que aceptar, que forman parte de este proceso, que son naturales, que la mayoría de nosotros las sentimos. Tenemos que aprender a reconocerlas y aceptarlas y, como cuidadores, tenemos que ser conscientes de que están ahí, que son legítimas. Lo que vamos a intentar es que no nos afecten demasiado, pero no debemos rechazarlas porque son nuestras emociones. Sí podemos, en cambio, buscar modos para hacer que el tiempo pase de la mejor manera posible”.

“¿Y qué ocurre si tengo ganas de llorar?”, se pregunta María. La respuesta de Juan Luis es sencilla: nada. No pasa nada porque un día nos sintamos mal y necesitemos llorar. Lo importante es descargar esas emociones. Debemos comprendernos y aceptar nuestros sentimientos. Tenemos derecho a sentirnos frustrados y creer que la situación se nos está yendo de las manos. Y en ese momento, es bueno pedir ayuda. Podemos llamar a alguien y compartir estas sensaciones. Contamos con mucha tecnología que nos puede ayudar a romper este aislamiento.

Lo importante es que los cuidadores aprendan a cuidarse y a no sentirse culpables por hacerlo.

Ahora, más que nunca, aprender a tomarse descansos de una forma regular es esencial para la salud del cuidador. Muchos comparan la labor de cuidar con un maratón, por lo que es esencial mantener el ritmo a largo plazo.

Un descanso de tan solo cinco minutos puede reducir la ansiedad y ayudar a pensar con claridad. El blog estadunidense Dailycaring propone diez maneras de tomarse un descanso. No se trata de hacer todas ellas, se trata de buscar aquellas con las que nos sentimos más cómodos y que nos resulten más fácil incorporar a nuestra rutina.

Una amiga de María con problemas de espalda le propuso que hiciera lo mismo que ella: programar una alarma en el móvil para obligarse a descansar. Como por su trabajo tenía que pasar mucho tiempo sentada, antes de comenzar la jornada programaba una alarma cada hora. Y así, cuando sonaba, se levantaba y se daba un paseo de cinco minutos. Luego seguía con su trabajo.

Diez formas diferentes de tomarse un descanso:

-Cierra los ojos y respira lentamente. Para empezar, inhala el aire mientras vas contando hasta 10 y luego suelta el aire lentamente y, mientras lo haces, vete contando desde el 10 hasta el 1.

-Bebe un vaso de agua. Date un tiempo y hazlo tranquilamente. La deshidratación provoca cansancio, dolor de cabeza y mal humor.

-Haz una meditación guiada. De esta manera, tenemos un momento de recogimiento, en el que podemos dirigir nuestros pensamientos hacia donde queramos. Esta práctica puede ser un alimento para el alma.

Realiza estiramientos. Además de prevenir posibles lesiones, te relajarás. Podemos hacerlos antes de que nuestro ser querido se despierte o cuando ya se ha ido a la cama. En este vídeo te mostramos unos ejercicios sencillos que tus lumbares agradecerán.

-Ponte música mientras haces las tareas de la casa o mientras cocinas. Hay estudios que han demostrado que cuando una persona escucha la música que le gusta aumentan sus niveles de dopamina, un neurotransmisor que crea sensaciones relacionadas con el placer.

-Toma aire fresco. Asómate a la ventana.

-Escribe lo que piensas. No te preocupe ser organizado. Simplemente comienza a escribir en un papel y no te detengas hasta que notes que tu cabeza se ha despejado.

-Entre las múltiples ventajas que aporta el ejercicio físico se encuentran mejorar el estado de ánimo y dormir mejor. En estos vídeos podrás encontrar varios ejercicios. Repítelos hasta que tu cuerpo se llene de energía.

-Planifica hacer una actividad que te guste: leer, ver una película, hacer punto, un puzle, jugar a las cartas, manualidades, colorear… Lo importante es que hagas algo con lo que disfrutes.

-Busca en internet programas de TV que te diviertan. Lo importante es encontrar un momento para reírse. La risa es una magnífica forma de aliviar el estrés y de ayudarnos a enfrentarnos a las situaciones difíciles. Aquí te dejamos todo un clásico: el “sketch” de la empanadilla de Martes y Trece.

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