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Bueno para el corazón, bueno para el cerebro

Reducir los factores de riesgo cardiovascular, a los 50, previene el alzhéimer

Uno de los mayores miedos que tiene una persona, que ha visto de cerca los efectos que ha provocado el azhéimer en un ser querido, es sufrirla ella misma. Comienza entonces la obsesión por conocer el mapa genético, por saber si se cuenta con alguna mutación en alguno de los genes que puede provocar la enfermedad. Sin embargo, en vez de dejar nuestra suerte en manos de la fatalidad, existen factores sobre los que podemos incidir y bajar la probabilidad que puede desencadenarla. Reducir el riesgo cardiovascular, es decir, actuar sobre la obesidad, la diabetes, dejar de fumar, controlar el colesterol y la presión arterial, baja la posibilidad de sufrir un deterioro cognitivo y alzhéimer.
 
Así que para llegar al último periodo de nuestra vida con una buena salud mental es preciso ponerse antes manos a la obra. Según un nuevo estudio científico, las personas de mediana edad, con riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular o cerebrovascular, tienen más probabilidades de que su cerebro desarrolle cambios que puedan conducir a sufrir alzhéimer.
 
La causa no está clara. Se desconoce si los factores de riesgo cardiovascular contribuyen indirectamente al desarrollo de la demencia al restringir el riego sanguíneo que llega al cerebro o si directamente son la causa de que en el cerebro se acumulen fragmentos de la proteína amieloide, directamente relacionados con la enfermedad de Alzheimer.
 
Rebecca Gotterman, de la Escuela Universitaria de Medicina Johns Hopkins (Baltimore) e investigadora principal del estudio, asegura que ha encontrado una asociación entre el número de factores de riesgo que las personas sin demencia tuvieron cuando estaban en la mediana edad y el riesgo de tener fragmentos de amieloide en su cerebro cuando se hicieron mayores.  “Cada factor por separado quizá no sea suficiente para aumentar el riesgo de sufrir la enfermedad de Alzheimer, pero contar con varios de esos factores parece asociarse con tener un riesgo más alto. Aunque el estudio no prueba la causa que lo produce, sí sugiere que los factores de riesgo vascular quizá impacten directamente en los cambios que el alzhéimer provoca en el cerebro”, continúa.
 
En el estudio The results of the Atherosclerosis Risk in Communities (Los resultados del riesgo de la arteriosclerosis en las comunidades) publicado en la revista científica JAMA (Journal of the American Medical Association) los investigadores analizaron los datos de 346 adultos, a los que se les había evaluado los factores de riesgo vascular desde finales de los 80, cuando tenían 52 años de media y ninguno de ellos tenía demencia. Después de algo más de dos décadas, cuando los participantes contaban con una edad media de 76 años, se les sometió a un PET con florbetapir (prueba de medicina nuclear que consiste en la realización de una tomografía por emisión de positrones (PET) administrando un radiotrazador, denominado florbetapir, que se une a la proteína amiloide del cerebro).
 
Al comenzar el estudio, uno de cada cinco participantes no tenía factores de riesgo vascular, mientras que un 38% tenía un factor riesgo y un 42% tenía al menos dos. Los investigadores observaron que cuantos más factores de riesgo cardiovascular se tenían en la mediana edad, no así durante la vejez, más elevados eran los niveles de amieloide en el cerebro.
 
“Una posible explicación quizá se encuentre en que las personas que tenían factores de riesgo cardiovascular en la mediana edad, probablemente, hayan estado más tiempo expuestos a ellos”, aseguró Dr. Gotterman.
 
Tras escanear los cerebros de los participantes, encontraron que solo el 31% de las personas que, al comienzo del estudio, no tenían factores de riesgo cardiovascular, tenían depósitos de amieloide elevados durante la vejez, comparado con el 61% de las personas que contaban al menos con dos factores de riesgo cardiovascular cuando estaban en la mediana edad.
 

 “Los depósitos de la proteína amieloide son un factor de riesgo [de sufrir alzhéimer] y, probablemente, comiencen a producirse antes de que tengan lugar los trastornos de memoria”, aseguró Jeffrey Burns, codirector del Centro de la Enfermedad de Alzhéimer de la Universidad de Kansas, a la agencia de noticias Reuters Health.
 
 “Necesitamos ser cuidadosos al reconocer que tener amieloide en cerebro no es lo mismo que tener la enfermedad de Alzheimer”, asegura.
 
Es posible que las enfermedades cerebrovasculares quizá aumenten los depósitos de amieloide o disminuyan la posibilidad de eliminar la acumulación de amieloide. Pero el estudio no se diseñó para responder a esta pregunta.
 
Los resultados sugieren que las personas que se preocupan antes de tener una buena salud cardiovascular quizá estén protegiendo sus cerebros, afirma Dr. Hannah Gardener, un investigador de Neurología en la Universidad de Miami.
 
“Pacientes y médicos necesitan colaborar para vigilar y reducir la carga de los factores cardiovasculares, como fumar, la obesidad, la presión arterial, el colesterol y la diabetes, con el objetivo de proteger la salud, tanto del corazón como del cerebro, décadas antes de que la enfermedad de Alzheimer manifieste sus típicos síntomas”, señala Gardener.
 
 
 
 

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